Juan Filloy

Nació en Córdoba el 1º de agosto de 1894, su madre era una campesina francesa de Toulouse, Dominique Grange, que se ganaba la vida como lavandera y curandera. Su padre era Benito Filloy, un campesino español de Pontevedra. Se habían instalado con un almacén de ramos generales, en 1888, en el barrio General Paz de Córdoba. Los dos eran analfabetos, falleció el 15 de julio del 2000 poco antes de cumplir los 106 años, poeta y narrador, fue participante directo, de la Reforma del ’18, si bien no fue dirigente estudiantil estuvo muy comprometido con los actos insurreccionales del 15 de junio de 1918, y contaba; “…iba a la mañana y estaba en todas las clases, iba temprano como no podía comprar los libros caros iba a la Universidad que tenía la Biblioteca Mayor que es sumamente copiosa en volúmenes, estudiaba ahí y luego bajaba a clases. Las clases eran a la mañana, casi todas, y acontecían en grandes aulas que estaban sobre la calle de Trejo y Sanabria. Y… la vida estudiantil era ésa. Era estudiar y después participar en todos los actos propios de los estudiantes, con desbordes y sin desbordes, pero con el gran empuje de los 20 o 25 años que uno tenía en esa época…” también contaba que:
“…los estudiantes querían cursos modernos de derecho, vinculados al avance de las ciencias, al avance de las tecnologías, etc. Puesto que todavía en la Universidad yo participaba de las clases de Derecho Canónico y Eclesiástico, cosas aberrantes en pleno Siglo XX…”. Fue un escritor vanguardista que cultivó la burla elegante en sus poemas y novelas, además de boxeador, juez de paz durante 40 años en Río Cuarto, fanático hincha de Talleres de Córdoba y muchas cosas más. Julio Cortázar reconoció su influencia en Rayuela, homenajeándolo por la novela Op Oloop, que Filloy publicó en 1934 y fue acusada de pornográfica por el intendente porteño de esa época. Juan José Saer es otro de los que aceptaron la influencia de Filloy, mientras que Jorge Luis Borges también estuvo entre sus admiradores, colaboró con el diario La Voz del Interior en el que, sus primeros trazos no fueron como escritor si no como dibujante de futbolistas. El decía ser “un socialista sin militancia partidaria” que participó en la Reforma Universitaria de 1918. Como muchos, sufrió los atropellos de la última dictadura militar. Tenía más de 80 años en 1976 cuando su novela Vil y vil -publicada en 1975- fue prohibida por la junta militar. Lo interrogaron en un cuartel de Río Cuarto durante horas, para soltarlo luego porque habló solamente de literatura Aunque Cortázar opinaba que Filloy era “uno de los mejores escritores en habla hispana”, los críticos lo ignoraron al menos hasta la década de 1990, cuando ganó un premio nacional de literatura. Se enorgullecía de ser “el campeón mundial de palíndromos” -frases que se pueden leer tanto al revés como al derecho y tienen sentido- tratando de demostrarlo en su libro Karcino.
Pero si bien no tuvo el reconocimiento que merecía, también es cierto que no le faltaron honores. Recibió varias distinciones en su vida: Gran Premio de Honor de la SADE, en 1971, Puma de Plata del Pen Club, en 1978. Fue miembro de la Academia Argentina de Letras, desde 1980. Lo nombraron Doctor Honoris Causa por la Universidad Nacional de Río Cuarto, en 1989. Ganó el Premio Esteban Echeverría, Gente de Letras, en 1991 y el Premio Trayectoria, Fondo Nacional de las Artes, en 1993. También fue condecorado por dos países caros a su cultura: en Italia, con la Orden al Mérito de la República, en 1986. Y en su amada Francia, con el nombramiento de Caballero de la Orden de las Artes y de las Letras, en 1990. Desenfadado, zafado en ocasiones y hasta grosero, pero también lírico, afecto a cierta retórica utilizada con solapada ironía y a juegos de ingenio, Filloy forjó sus libros al margen de las modas y, a veces, anticipándolas. Se lo ha señalado como iniciador del objetivismo (que él prefería llamarlo objetismo), la escuela francesa del Nouveau Roman, muy notoria entre las décadas de los 50 y de los 60.
Murió tranquilamente mientras dormía la siesta en su casa del barrio Nueva Córdoba, después de haber vivido mucho y bien.